
John Michael Osbourne podría haber sido un tipo como cualquier otro, pero no: el destino quiso que fuese el rockero más importante desde los 70s hasta la fecha.
Nació en la ciudad
de Birmingham hace 59 años. ¿Qué se puede decir de esta importante urbe británica? Tal vez fue la neblina que ocultaba cualquier atractivo posible que pudiese tener esa ciudad industrial del norte de Inglaterra o el gélido clima que ahí existía.
Pero la verdad es que Birmingham nunca se prestó como un lugar propicio para que ahí brotaran las flores del movimiento hippie, el cual se expandía como una pandemia por toda América y gran parte de Europa.

En este entorno creció John Michael Osbourne: una ciudad donde los cuervos abundaban sobre los techos de las casas, y el humo de las chimeneas no dejaba pasar la luz del sol.
Físicamente, era un tipo alto, de contextura intermedia, pero que se cuidaba para no desarrollar esa típica barriga que se forma en la gente que bebe mucho alcohol (uno de sus pasatiempos favoritos, junto con la música rock).
De rasgos gruesos y abundantes tatuajes en todo el cuerpo, destacándose uno que semejaba ser la cabeza de un demonio, el cual cubría parte de su torso, y las letras “O”, “Z”, “Z” e “Y” sobre cuatro de sus nudillos, los cuales al empuñar la mano dejaban ver el nombre del apodo que lo hacía famoso en todo el mundo: “Ozzy”, el cual no era más que el disminutivo que usaba en sus tiempos de escolar, en clara alusión a su apellido.
La imagen de Ozzy era la de un muchacho rebelde: vestía entero de negro, con chaqueta y pantalones de cuero. Sobre su pecho brillaba en forma intensa una cruz de hierro, que era un símbolo imperial del Egipto clásico.
El cabello largo y liso, siempre mojado, la piel pálida como un fantasma, y sus enormes lentes oscuros que cubrían sus ojos intensamente azules le daban un aspecto perverso, el cual se acentuaba aún más cuando se pintaba los párpados de color negro.

Pese a su aspecto desordenado, Ozzy era un estudioso de la música. Durante el día se pasaba gran parte del día componiendo y ensayando con sus compañeros de banda, a la cual llamaban “Black Sabbath”.
Como todo joven, disfrutaba de la vida nocturna, en pubs principalmente. Nunca fue un tipo muy de ir a bailar, porque jamás le llamó la atención eso de conocer mujeres en discotheques.
En verdad, tampoco necesitaba de ese método para hacerlo, pues, debido a su fama a nivel mundial, éstas se le acercaban solas.
Este grupo de señoritas eran las llamadas “grupies”, las cuales se especializaban en salir con rockeros de popularidad indiscutida, como: Mick Jagger, Frank Zappa o Steven Tyler. Lo que si solía hacer mucho en sus años mozos era salir a tomarse un trago junto con sus amigos, todos músicos de rock, al igual que él.